miércoles, 13 de mayo de 2009

En la boca del lobo

La relaciones con los diferentes Departamentos a los que me tocaba visitar casi a diario iban cada vez mejor, hasta el punto de ser unos de los primeros en obtener, el tiempo y la gracia de los funcionarios y así terminar mi cometido en el menor tiempo posible. Después tenía tiempo para otros menesteres de titulo propio. Comidas con conocidos funcionarios y tiempo para intentar ser un Don Juan de rigor.
Recuerdo a una señora que trabajaba en una de las oficinas donde debía presentar documentos con bastante frecuencia en el Instituto Agropecuario, rubia de hermosos ojos azules, pequeña pero que Madona. Yo le miraba con ganas... ella muy recatada y seria, así estuve medio año llevándole de vez en cuando algún que otro pequeño detalle (había leído en un libro de Dale Carnegie que los pequeños detalles son el secreto para enamorar un ser querido), note que el día que no le llevaba nada, ella lo notaba y lo echaba de menos, así que empecé a formar parte de sus pensamientos, aunque fuera de esa ridícula manera, un caramelo, un dulce, una sonrisa y mi mirada de cachorro lánguido de ojos melancólicos deseando decirle lo mucho que me gustaba y lo mucho que quería invitarla a cenar. Por fin me arme de valor y le compre un collar de fantasía gracioso y peculiar, era bonito. Cuando la vi empezaron a sudarme las manos, me atreví a extender el regalo envuelto dirigido a ella, balbucee algo, que si la podía invitar a cenar, sudaba de los nervios, mis manos estaban húmedas y frías. Cuando le dije" ¿Puedo invitarla a cenar esta noche?”… la mire a los ojos y me quede helado... me miro como si fuera algo tan normal para ella, se acerco a mi cara y me dijo suavemente y en voz baja "Hoy no puedo, pero mañana podemos quedar a las 6 PM en la carrera Décima con 19" Lo único que recuerdo haber hecho fue asentir con la cabeza dar media vuelta y marcharme como si me hubiera idiotizado, tendría cara de persona descompuesta por cagalera, solo sé que al llegar al ascensor me vi en el espejo del interior amarillo y sudoroso, lo único que pude decir en voz alta fue "Si, gracias dios mío".
Esa noche no pude dormir bien de los nervios, era la segunda vez que... si podía iba a estar en la cama con una mujer de sus características, toda una Madona saliendo con alguien como yo, flaco y con cara de hurón. Me hice mil y una historias en mi cabeza, lo que iba a decirle, como lo iba a decir, que haría y lo que no, en fin una serie de pormenores que para mi eran de lo mas importante, como me iba a vestir, donde la iba a llevar a cenar y si todo iba bien a que hotel la llevaría.

Al otro día a la hora señalada nos encontramos, su frialdad me dejo pasmado, lo que hizo fue decirme que la siguiera y aunque intentaba dar conversación ella fue muy parca en palabras, caminamos dos calles y yo ya no sabia que decir, ni que hacer cuando se metió a un portal allí me dijo que pagara yo la habitación y…

Todo fue tan diferente a lo que había planeado.

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